AGRÉGUESE Y ARCHÍVESE
Sobre mi lomo en formato A 4, se fueron
insertando como una seguidilla letras y frases interminables impregnando mi
blanquecino aspecto, que la parafina lo tornaba más rozagante.
Según pude descifrar del enmarañado léxico,
se trataba de una mujer que se operaba de hemorroides y la habían cercenado el
esfínter, a todo ello se lo llamaba "mala praxis", y se reclamaban
varios daños físicos y psíquicos.
No se cuanto de verdad había en el relato,
ni tampoco quien lo había escrito tenía pleno conocimiento de cuanto aconteció,
no obstante por la convicción de cuanto expresaba y la firmeza con la que estampara
su firma al pie de un "Será Justicia", parecía que a la mujer la
estropeó un cirujano y éste, por su impericia, debía responder con una
cuantiosa suma.
Me llevaron a tribunales, me pusieron una
carátula, que aparentemente me relacionaba con otra persona que tampoco
conocía, pero intuyo que se trataba de aquél denostado cirujano del farragoso
relato. Me depositaron en un casillero, que debo compartir con otros de mi
misma especie, pero con nombres en sus carátulas diferentes a la mía.
Al tiempo de estar apaciblemente reposando
en mi compartimiento,
junto con mis congéneres, se me incorpora
otra voluminosa presentación. Aparentemente debería ser de aquella persona que
desconocía, pero que ahora se identifica como "el demandado". Mi
primera sorpresa fue que en su libelo, se dedicó a negar todo lo que quien me
creara, había relatado.
De allí en más fui varias veces manoseado
por distintos personajes, me incorporaron actas que contenían declaraciones de
otras personas que si bien yo tampoco conocía habían dicho que sí conocían a
aquellos que se mencionaban en mi carátula.
También, se agregaron radiografías,
tomografías computadas y una serie de dictámenes, emitidos por quienes por sus
sellos aclaratorios eran colegas de aquel infortunado cirujano, aquí la cosa
fue más complicada para mi entendimiento, pues se incorporaron términos
vinculados con la ciencia médica, que tornaban la cuestión más incompresible
que aquél relato inicial, que habían ennegrecido mi prístina blancura.
Así fui creciendo en volumen, no se cuanto
de realidad contenía, pero por mi grosor, ya me sentía que sobresalía del resto
de los que estábamos en el mismo casillero.
A los poco días me sentí mucho más
importante, cuando me sacaron de aquel casillero y me pusieron cuidadosamente en un lujoso
escritorio, del cual sobresalía una estatua de una esbelta mujer con una túnica
blanca y los ojos vendados.
De allí en más fui nuevamente manoseado,
pero esta vez con mayor delicadeza y minuciosidad, por una persona muy pulcra
con aires de suficiencia, pero que por el tiempo que llevaba leyendo y releyendo
mi voluminosa estructura, parecería que entendiera menos que yo de lo que se
trataba.
Así pasé varios meses en el mismo recinto y
en el mismo lugar, hasta que por fin se dignaron incorporarme otras hojas,
éstas de mejor calidad que las mías y con un membrete superior en el que resaltaba
la sigla "Poder Judicial de la Nación".
Intenté interpretar el contenido de
aquellas hojas pero me resultaba imposible, recuerdo que bajo el rótulo de
"Autos y Vistos" relataba casi a la perfección, cuanto había escrito
mi creador y la respuesta del que se denominaba "demandado", pero
luego no pude desentrañar el resto de lo que se denominaban
"Considerandos", entonces me fui directamente a la parte del
"Fallo", donde a estar a sus términos le habían rechazado la demanda
a la pobre mujer que fuera operada por el cirujano y para colmo, con ¿costas?.
Más penoso fue mi futuro, porque fui a
parar a un lúgubre sótano, estoy precintado junto con otros raídos expedientes.
Permanezco en la oscuridad, y padezco sobre mi lomo las fuertes ataduras que lo
rodean. Pero lo más triste de todo, es que no conocí personalmente a los
intérpretes de mi carátula, ni la verdad de lo que aconteció y estoy convencido
que quien sentenció, no conocía ambas
realidades y tampoco le interesaba conocerlas.
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