jueves, 6 de octubre de 2011

LILIANA B. LA GRECA


LA PRESENCIA

Mi mundo era mío. Con sus claroscuros definidos solo por sensaciones imprescindibles que el tacto, los aromas y los sonidos enraigaban en todo mi ser como aferrándome a la vida. Será por eso que ese día sentí que te vi, que por una vez ese mundo individual y lánguido se estremeció y pudo abrirse, descubrir, imaginar.
Llegué como siempre a aquel, mi refugio de todos los días, la biblioteca, que desde aquel accidente había sido mi guarida, acaso mi paisaje imaginario.
El sonido de la puerta y ese perfume dulce pero suave envolvió el lugar. Sentí tu presencia, el ruido de una silla a mi lado y mis manos inquietas deslizándose sobre un texto de Galeano.
Mi mundo era mío, pero aquel día, algo cambió al sentir sus manos suaves sobre las mías. ¿Era ella?. Permanecí imperturbable. Demasiadas heridas abiertas.
Demasiado tiempo para curarlas… y ahora… Aquella voz… "Julián, perdón"… transformó a mi soledad en un encuentro infinito.

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