domingo, 18 de enero de 2015

Juana Schuster


Carta de Carlo Broschi  (Año 1705)   
Juana Schuster


Sé muy bien madre, usted se oponía al destino de ser cantante lírico.
 Escuchaba cómo discutía con mi padre cuando creían que el sueño me había vencido.
 Usted no quería porque sabía que iban a castrarme.
 La escuché llorar sin consuelo. Por las mañanas su rostro estaba blanco como la cal que cubre las paredes. Los ojos, rojos. Me daba cuenta de la lluvia en su alma. Conocía yo a ese aguacero convertido en tormenta para ese corazón fatigado. ¿Sabe una cosa? Hubiese preferido, en esos momentos, no haber nacido hombre.
 Las intenciones de papá eran que estudie con Nicola Porpora. El profesor de mayor talento musical que hubo en Nápoles.
 Él nos visitó y quiso escuchar mi voz. Usted se retiró a su cuarto. Me di cuenta que estaba quebrada, madre. Cuando regresó con el rosario en la mano, parecía un espectro. Toda vestida de negro, la cara no pertenecía al cuerpo. Era el rostro de un ser angustiado.
 Sus plegarias no fueron escuchadas. Con seguridad, pensó en esconderme. No le fue posible.
 ¿Qué culpa tenía yo que las mujeres no pudiesen cantar en las iglesias?
 Pero, me eligió. Papá estaba orgulloso del destino del hijo.
 Se frustraba su deseo de ver nietos y el mío de ser maestro de escuela.
 Mi padre decía que debía ser operado por esa caída del caballo. Esto no era cierto.
 Una vez efectuada la ablación, dicen que adquirí voz de soprano. Cierto es que viajé a Roma donde fui ovacionado. En las óperas, interpretaba papeles femeninos.
 Usted nunca vino a verme.
 Conocí Viena y Londres. El Príncipe de Gales me colmó de regalos.
 Las cartas que recibía, retenían la humedad de las lágrimas. Sé que nunca perdonó a su esposo.
 En España estuve veinticinco años, porque decían que mi voz curaría al Rey Felipe V de aquella locura melancólica.
 Le envié el dinero para el pasaje en barco. Usted me lo devolvió por correo.
 Conocí el éxito. Alguien me obsequió un Stradivarius.
 Durante mi estadía en Europa, usted partió para siempre.Fui a su sepelio. Algo muy duro para mí. Permanecí lejos del féretro.
 Ayer, un integrante de la corte me hizo la pregunta. Sí, justo ésa.
 -¿Has sido feliz?

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