viernes, 15 de marzo de 2013

CELIA E. MARTINEZ



CORTITOS

La vejez

Con la vejez te habías convertido en un hombre dócil, ya no discutías con nadie, no peleabas con las personas, no sos violento como antes.
Abriste la puerta al sentir que golpeaban, era un individuo corpulento, el tipo amagó con darte un puñetazo, de pronto supe que era un agresor que quería entrar a robar, te empujó, lo dejaste entrar, te apuntó con un arma y resignaste a que hiciera lo que él quería. Se llevó todo. Traté de imaginar cual hubiera sido tu actitud en tu juventud.

Quien me mató

No logro concentrarme, me siento, escribo algo sobre un crimen perpretado  y no puedo seguir, no se me ocurre como seguirlo. Lo guardo en documentos.
En la computadora alguien escribe: “por favor sigue no sé que me pasó sólo sé que estoy muerto y sin saber quien me mató”.
Tres días después sigo la narración, pero mi mente vuela por mi propio problema, escribo algunos párrafos y dejo, vuelvo a guardar.
Socorro, quiero saber porqué todos me abandonan, ninguno está presente, sólo sé que alguien investiga quien fue.
A la semana me acuerdo del cuento, me siento ante el teclado y nada, no logro darle fin.
No puedo más aquí abandonado en un documento de la computadora, es que ¿no entiendes que necesito saber como termina esto? Es mi vida y mi muerte me tienes que decir quien me asesinó.
Alguien entra y me mata. Nunca podré terminar el texto de mi novela.
Por favor escribe, que ocurrió conmigo, nadie más me lo dijo, estoy aquí encerrado de por siempre.

Marihuana

En la localidad de Venado Tuerto, un viejito de ochenta años pasaba todos los días por un campo sembrado de plantas, pasaba por ahí para cortar camino a su casita, donde vivía solo. Comenzó a arrancar ramitas de esta planta rara para él y hacerse tesitos con este vegetal y  notó que sus dolores reumáticos mejoraban, por lo que siguió haciéndose tisanas. Con el tiempo vio que tenía cierta euforia, como que estaba más vigoroso, se sentía  con mucho más ánimo. Los vecinos notaron cada día  con más  animación y cierta placidez, era raro. Le recomendaron ir a ver al médico, quien le indicó análisis de orina y sangre,  porque se dieron cuenta de cierta  exaltación. Los resultados dieron que el buen señor se estaba drogando con marihuana, el pobre terminó siendo indagado por la policía, el asustado viejo negaba, le preguntaron si tomaba algo distinto en sus medicamentos y dijo que lo único nuevo era un tesito cada mañana con una planta de un campo por el que pasaba cada día.
La policía fue a investigar y se encontraron con un gran  sembradío de marihuana escondido entre varias hectáreas, sembradas con trigales.
Así fue que el Sr. Baldomero Gutiérrez se hizo famoso en el lugar recibiendo el agradecimiento de la policía local.








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