jueves, 5 de agosto de 2010

MARCOS R. RAMOS


EL RAPTO

Ella esperaba en su vitrina
verme doblar aquella esquina como una novia,
como un pajarillo
pidiéndome:
¡Liberame, liberame/
y huyamos a escribir la historia.
-Joan Manuel Serrat-

Son las diez de la noche. Estamos todos frente a nuestra víctima. Ya ni me acuerdo de quién fue la idea, lo importante es que todos queremos lo mismo. Allí está parada con sus piernas larguísimas y su minifalda. La remera ajustada le marca bien los pechos. Tiene tacos altos y sus rulos rubios le llegan hasta la cintura. Lo que más me gusta de ella es que sea tan alta. Los padres de Juan Carlos salieron y no vuelven hasta las doce por lo que disponemos por dos horas de la casa. No pasa ningún coche. Ella está, como todos los días y todas las noches, mostrando las piernas al costado de la ruta. Sola. Ya es tarde para arrepentimientos. Hicimos un sorteo y soy el segundo que va a la cama con ella. Para todos este es nuestro debut. La noche está fresca y ella con la ropa de siempre y esa sonrisa que nunca desaparece. No pasa nadie. Diego es el primero que cruza la avenida, nos hace una seña y lo seguimos...
Los seis la llevamos cargada. Sigue con los ojos abiertos. Vamos por lo oscuro en silencio. Yo la tengo por la cintura, aprovecho para meterle mano en su cola dura. De pronto Diego tropieza y nos caemos todos. La levanto de la cabeza y ahí sucede lo peor. Con los rulos en la mano me pongo a temblar. Juan Carlos me sacude y me grita:
-No te asustés tarado. Ahora le pongo de vuelta la cabeza.

1 comentario:

Laura. M. dijo...

Enhorabuena a todos los autores, los relatos son muy buenos.
Leí esta cita una vez:
"Quien escribe constuye un castillo,...Y quien lee pasa a habitarlo".
Saludos