jueves, 5 de agosto de 2010

ARIEL GUALTIERI

LA LUNA

Eran cuatro hermanos. El mayor era el mago, los otros dos eran un adivino y un gigante: se amaban. Cuando el mago desapareció, el adivino y el gigante no creyeron, ni por un instante, que se había separado de ellos por su propia voluntad; y desde el primer momento sospecharon que algo malo podría haberle ocurrido. Lo buscaron por todas partes, hasta que al fin hallaron su cuerpo sin vida, empalado en una estaca en el claro de un bosque. "Sin duda", pensaban ambos, "la fuerza que ha aniquilado al mago debe ser muy poderosa, ya que logró vencer a su extraordinaria magia."
El adivino y el gigante juraron vengarse del asesino. El adivino consultó a los astros y estos le revelaron la identidad del criminal. "Pero no podía ser… él no podía ser...", se decía. "Y aunque hubiese querido, jamás habría podido vencer al mago." Entonces les preguntó a las Setenta y Ocho; y en sucesivas tiradas, ellas le dieron la misma respuesta que los astros. Igualmente lo hicieron las piedras y las aves. Resignado a creerlo, pensó que debía decírselo al gigante. Pero no llegó a hacerlo: el mismo asesino que había empalado al mago lo mató antes.
El gigante lloró amargamente. "Un brujo poderoso debe ser el asesino", pensaba, "ya que también ha logrado engañar al adivino, impidiéndole ver el peligro que corría." El gigante ardía en deseos de venganza. Y por más poderoso que fuese aquel monstruo, no temía enfrentarlo. Sin embargo, se sentía abatido y absolutamente solo ahora que sus dos hermanos habían muerto. Y fue precisamente eso lo que más me enfureció. Yo estaba a su lado aun. Podríamos habernos amado mutuamente, como antes ellos tres. Pero él no me tenía en cuenta, como tampoco me habían tenido en cuenta el mago y el adivino. Por eso, a él también lo maté.¿Me considerarían, tal vez, demasiado vulgar y débil por no contar con dones prodigiosos, como los que ellos poseían?, ¿acaso por eso me dejaban de lado? Pues bien, yo logré demostrarles que sin magia, sin ocultos poderes ni fuerza brutal, era más poderoso que ellos. Yo soy el cuarto hermano, el menor, el más cruel: el hombre.

1 comentario:

Laura. M. dijo...

Que cierto es... Somos crueles por naturaleza y no cambiamos. El ser humano destruye deberiamos tomar ejemplo de los animales, solo tocan lo que necesitan.
Saludos.