miércoles, 4 de marzo de 2009

NORMA TRAFERRI


EVOCO

Me enamoré adolescente. Estaba sola y era verano. Viniste casi sin que lo notara. Sé que quizá hubiera podido no dejarte acariciarme. Perpleja, quieta. Cerré los ojos. Te sentí. Licencioso deslizándote suave sobre mi pelo, mis mejillas, mis hombros, mis pechos, rodeando mi cintura.
Te dejé escurrirte por mis caderas y el recóndito lugar en mi entrepierna. Hasta mis pies llegaste. Allí quedé cuando te fuiste, quieta, como una novia virginal. Que sin haberlo presentido encontró a su amante. Regresé la tarde siguiente, la otra y todas.
Silencio púdico. No podía compartirlo. Cómo explicar a nadie la exquisita voluptuosidad, el gozo.
Manceba expectante de cada atardecer. Esperando que llegaras y dejarte penetrarme hasta las entrañas.Hoy evoco sin turbarme el placer de cada día. Recibiendo el viento sobre los acantilados.

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