miércoles, 4 de marzo de 2009

ANA BROGLIO

TAL VEZ

Crecimos juntos. Ella me pegaba con los juguetes porque era mayor.
Había nacido en el año 1907 y yo, en 1911.
Después de la primaria desaparecieron los tranvías pero su casa y la mía seguían siendo vecinas.
Quitaron el empedrado para asfaltar la calle -el progreso, decían- y ella y yo, siempre llevándonos mal. Era casi odio -afirmaban también-.
Cuando me jubilé de la Municipalidad ella ya se había jubilado de la Sedería y hubo un tiempo en que me retiró el saludo. Unas ramas de mi olivo invadían su parcela.
Ahora que seguimos cerco de por medio, tal vez me anime a declararle mi amor y tal vez, ella me acepte.


Tomado de la revista digital Inventiva Social

2 comentarios:

Analía dijo...

Me agrada encontrarte aquí, querida Ana, con este cuento sentido, sencillo, melancólico.
Gracias por compartirlo, Carlos.
Un abrazo y mi cariño
Analía

Griselda dijo...

Un gusto leer este cuento tuyo, Ana.
Un beso.