jueves, 21 de mayo de 2020

Estela Marina Garber


                           
Copos de ceniza 
Estela Marina Garber

La civilización crecía y crecía. Urbanizaciones altísimas que competían con los picos mas altos. Rascacielos de New York, de Qatar, de Singapur con selvas tropicales artificialmente montadas en las terrazas.
Imágenes que quedan grabadas en las retinas de turistas nuevos ricos que masivamente y en forma compulsiva intentan capturar en sus selfies. Imágenes ficticias impregnadas por unos instantes. Sólo queda el fantasma de un holograma de esta realidad virtual.
Espejos tridimensionales de un como sí. De lo que fue o será pero de lo que no es mas que una ilusión o imaginación.
Un resto diurno de algo vivido o soñado.
En un tris se evaporó la realidad artificial de la Naturaleza urbana del mundo globalizado de los grandes capitales. Quedando solamente la memoria de algo que se cree haber vivido.
Los días y noches pasan. Las centurias y milenios se suceden y todo perece.
Animales y vegetación prehistórica. Hombre Neanderthal, Cromagnon, Homo Sapiens. Solo humus acredita su existencia. Restos de vidas pasadas.
Guerras mundiales, bombardeos, campos de exterminio. Todo destruido por igual. Materia orgánica e inorgánica. Fierros retorcidos, vidrios rotos, libros calcinados, polvo por doquier. Cenizas de carbón que vuelan en el aire como copos de nieve en primavera.
Todo se pulveriza. Todo se reduce a restos. Diminutas partículas que vuelan y suben hasta encontrarse con las nubes. Partículas de estrellas que fueron el Origen de Todo. Partículas estrelladas que serán el Final de Todo.

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