martes, 17 de febrero de 2015

María Fabiana Calderari



Cortos María Fabiana Calderari
Publicado en la revista virtual Con voz Propia



El consumidor
El hombre ve a la mujer escabullirse entre los callejones oscuros del barrio.
La mujer repite las consabidas formas del encanto y el engaño. El hombre cree que la elige.
Pronto asechan soledades en un lúgubre tugurio.
El hombre se levanta complacido, acomoda sus prendas y se va.
La mujer vuelve a escabullirse entre los callejones oscuros del barrio.
Tenacidad extrasensorial
 Es la décima tercera vez que me precipito desde este octavo piso.
Quedo estampado en el suelo, dibujando la misma figura en cada desplome.
No he logrado aún caer de diferente manera… 

No es un cuento
En las ficciones, los besos suelen convertir sapos en elegantes príncipes y princesas.
En la vida real un beso es más poderoso. Rescata de la soledad, de la apatía, del desamor.   
Un simple beso… Aventurémonos a sentir el encantamiento.
La tortuga
Tropiezo. Mis pasos se vuelven torpes.
Hablo demasiado o enmudezco. Mis palabras se desordenan.
Mi respiración se agita y se detiene en un suspiro lento y prolongado.
Mientras todo alrededor se adormece se agigantan mis sentidos.
Toda sonrojada y temblorosa escondo la mirada, mi cabeza. Me guardo entera.
Cada vez que te veo. Envuelta en este caparazón juicioso, desbordante de costumbres buenas y ataviadas.
Cada vez que te veo.
“Ilusión imprevista”
Una interminable hilera de jovencitas, apiladas en la sala del teatro Perrault, sueña el protagónico de la obra a estrenarse. Avanzan ágiles y a desgano.
Quedan las últimas. Los encargados no encontraron a ninguna que encuadrase en el personaje. Se apagan varias luces, pasada la medianoche. Los ecos inundan la sala. La empleada del teatro ordena a su hija que colabore con las tareas de orden y limpieza.
Los cuchicheos entre el director de la obra y el resto de los actores sorprenden a una niña de rodillas, fregando el escenario, con un estropajo entre sus manos.
-He ahí a la princesa- señalan complacidos.
Hidalguía
Subastaban ideales en una antigua posada.
-Invertid- dijo un ingenioso hidalgo. –Provechoso es quedar armado caballero.
El vínculo de la humanidad 
El mar hambriento abría sus fauces para devorar al sol anaranjado. Ellos lo observaban atónitos, tendidos sobre la arena.
Un escorpión rojizo trepó la empalizada del castillo y entró en los aposentos del rey.
-El enemigo acecha. ¡Preparemos las armas! -exclamó uno de los mosqueteros, desnudando la espada con liviana destreza. El otro lo detuvo asentando su pequeña mano sobre el pecho.
-Abatiremos al intruso -recitó con voz de acero. Recogió la paleta aún humedecida y el baldecito con restos de arena y añadió hincado de rodillas: -Intentaremos primero con la palabra.
El funeral 
Hacía apenas unas horas que me sentía mejor. Decidí, por fin, no estar ausente en el funeral.
Cuando llegué, el olor nauseabundo de las flores de la sala y la muchedumbre entretenida y atribulada casi me hizo regresar. Con interminables pasos llegué hasta el féretro. El muerto estaba solo, pálido, frío, desconocido.
Me di cuenta que en la mano derecha tenía el anillo inconfundible de mi padre. No pude llorar mi muerte, me sentía mejor.
sentado frente a un policía y un hombre de guardapolvo blanco mueve sus labios interrogándome. No logro escucharlo. Él me grita que les explique que no fui yo.

2 comentarios:

Analía dijo...

Muchas gracias, estimado Carlos, por compartir estos cuentos de Fabiana Caldelari. Y también agradezco que haya mencionado la fuente de donde los tomó.
Saludos cordiales
Analía Pascaner

Analía dijo...

Gracias por compartir estos cuentos de María Fabiana. Muchas gracias por el gesto de mencionar la fuente de la revista con voz propia.
Saludos cordiales
Analía Pascaner