jueves, 11 de junio de 2009

OLIMPIA BORDES

BARRO

Mi vieja está gritando, seguro le está dando una biaba, a veces le pega cuando se porta mal, igual que a mí. Cuando me pega, no sé por qué, él dice que hice una macana, yo no me doy cuenta si lo que hice fue una macana o no pero ya me las va a pagar, cuando yo sea grande se las voy a devolver, conmigo no va a joder.
Cuando tengo que salir a ayudarlo con los cartones, me gusta. El otro día abrí una bolsa y encontré un pedazo de pizza, estaba media dura pero ¡qué rica!, la verdad ya estoy podrido de sopa y puré de papas, me gustaría comer otra cosa. Ayer, en el tren, pedí limosna y una señora me dio un caramelo, ¡se me llenó la boca de dulce!
Tengo los pieses fríos, cuando pisé el charco no me di cuenta y metí la pata en el agua. Quisiera tener unas lindas zapatillas como las que se consiguió El Cholo. Ni bien cumpla los ocho años, voy a salir con ellos y voy a chorear a gusto, entonces podré tener celular y bicicleta como ellos. ¡Cómo me gustaría tener una bicicleta!
Me dicen que soy muy chico para rajar después de robarle a la gente, no me dejan ir con ellos, lo mismo que no me prestan esas bolsitas blancas de plástico que respiran y después quedan con cara de felices pero cuando cumpla los ocho años ya van a ver, no me para nadie.
Seguro voy a conseguir una pistola como la que tienen el Colorado y sus amigos. Tengo que tener cuidado porque son bravos, ni siquiera me animo a mirarlos a la cara, acá todos los respetan o le tienen miedo, si te agarran te muelen a palos. A mí me gustaría ser como El Colorado, todos le obedecen porque es el que manda.
Voy a atar el matungo al carrito para que no me castiguen si no lo hago. ¡Pobre el matungo, está reflaco! ¡Claro! si no tenemos nada para darle de comer! A veces pesca algún pastito pero igual se muere de hambre.
Mañana voy a subirme al tren para pedir limosna a ver si consigo unas monedas para que no me pegue como a mi mamá.
Cuando me escapé y me fui a la Plaza Constitución, me encontraron y me trajeron de una oreja. Era divertido esperar que el semáforo se pusiera rojo y ahí manguear a los coches pero claro, me encontraron y recibí flor de paliza. A los otros chicos que estaban conmigo, nadie los buscaba, tenían suerte y se divertían.
Mi vieja sigue gritando ¡pobre! Algún día voy a tener fuerza como para pararlo a ese hijo de puta pero por ahora no puedo.
Al cheto de mierda ese, que me refrega la bicicleta por la naríz cuando ando por su barrio, en cuanto se distraiga hago como que tengo un revólver en el bolsillo, se la robo y me la traigo para mí. ¿Por qué yo no puedo tener una bicicleta? O al menos una pelota para jugar al fubol.
¡Qué feo es ser pobre! Me dan ganas de irme.Algún día cuando sea grande me voy a escapar, me voy a subir al tren y me voy a ir lejos, bien lejos, donde no puedan encontrarme.

1 comentario:

deliteraturayalgomas-2 dijo...

Olimpia, cuánta ternura para describir una triste y cotidiana realidad
Betty