lunes, 2 de febrero de 2009

RICARDO ALLIEVI


CARTA DE UN PEZ A SU AMO

Te miro desde donde me pusiste por tu voluntad y no la mía. Estaba mejor en el acuario. Por lo menos, allá tenía compañía.
En cambio, aquí estoy solo. La verdad, no sé por qué, si cuando me elegiste había otros mejores, yo no era el más lindo ni el más grande. Bueno... cosa de gustos.
Pero en esta pecera, yo no estoy gustoso. Piedras artificiales, plantas de plástico, un buzo de acrílico que burbujea pareciendo hablarme; pero sólo silencio con aire en globitos.
Por aquí no pasa un bote, un velero, ni ningún transatlántico sobre la superficie ni un submarino por abajo. Sólo la vibración de la mesa y el trepidar del agua, cuando pasa el subterráneo por el túnel de la calle, en breves y repetidos momentos del día.
Por eso te pido una cosa: -"Por favor, no apagués la luz de la pecera. Sabés que nunca duermo, nunca cierro los ojos porque no tengo párpados.
Permanentemente voy, vengo, subo, bajo, investigo este hábitat artificial, buscando algo natural par comer porque te olvidás de ponerme el polvito de alimento. Estoy solo; pero todavía luzco bien. Estoy sano y gordo; tengo hermosa cola y aletas coloridas.
Dejá la luz de la pecera encendida. Cuando vos venís, yo me arrimo al vidrio que nos separa para saludarte. No doy vueltas sin ton ni son, como un tonto. Quiero contarte mi soledad y mi tristeza. Acercate. No puede hablarte. Por eso te escribí esta carta. Tal vez entiendas. Quizás me comprendas. Entonces hablaremos.
Quizás nademos juntos... Me traigas una compañera, aunque sea una mojarrita para alegrar este tiempo, en este lugar artificial, solitario y oscuro. Disculpá la tinta corrida y la chorreadura. También es difícil escribirte bajo el agua. Por favor.... Contestame. Espero ansioso tu respuesta, nadando tranquilo y muy aburrido en tu pecera."-

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