lunes, 27 de febrero de 2017

Graciela Núñez

   Los caminos de Dios 
Graciela Núñez

Nunca me gustaron las mujeres feas. Ya sé que la belleza interior es más importante que la otra, la externa; pero no me vas a decir que una mujer no te entra por los ojos. Por lo menos a mí me sucedía eso. Y fue así hasta aquel día en que el accidente cambió para siempre mi vida.
Cuando escuché la voz de un colega mientras estaba internado en el sanatorio que me decía que me había quedado ciego, el mundo se me derrumbó de golpe.
Mi esposa me pidió el divorcio (no soporté su lástima y no escatimé esfuerzos en herirla e insultarla). El resentimiento y la bronca me obnubilaban más que mi propia ceguera.
Dejé de trabajar como médico y me ocupé de actividades manuales para poder sobrevivir, que nunca me gustaron hacer. Me anoté  en un coro para cantar y allí la conocí a María.
Jamás pude verla, nunca pude saber si realmente era linda o fea. A veces cuando paso mi mano por su rostro pienso que no me gustarían sus rasgos, que no hubiera vivido con ella si pudiera verla… pero ¿Cómo saber? ¿Quién me va a decir que es fea, que no es para mí? Sé que el accidente además me desfiguró la cara y tal vez yo tenga una apariencia física peor que la de ella.
¿Quién hubiera pensado que yo que era un narcisista, terminara mi vida ciego, desfigurado y al lado de una mujer fea que soportara mi malhumor, resentimiento y desplantes?


¡No cabe duda que los caminos de Dios son misteriosos!