miércoles, 9 de marzo de 2011

ADELFA MARTÍN



LO INUTIL DE LA VENGANZA

Lo decidió esa noche... Al día siguiente subió a la azotea de su casa porque sabía que desde allí podía tener una mejor vista del recorrido que él hacía en su paseo de cada tarde. Quería saber si llegaría hasta el pequeño bosque que se encontraba al final del parque, aquel que obligamos a nuestras autoridades a que lo cercaran por el fondo, pues por esa parte casi invisible se metían los malvadines de la zona a hacer de las suyas, bien escondidos y tapados por las plantas, flores y árboles. Tenía que trazar un plan perfecto... no casi o bastante... sino totalmente perfecto. Puede ser cierto que el odio y el rencor no llevan a nada, que la venganza se convierte en artículo de lujo que se vuelve contra quien la ejerce... pero no cabe duda que al menos por algún tiempo, deja un maravilloso sabor de boca...
Ojalá olvidáramos, borráramos la cinta, pero sabemos que es imposible... Podemos perdonar en nuestro corazón y seguir adelante cargando el costal de los recuerdos, más o menos archivados en los anaqueles de las cosas que ya se volvieron obsoletas...pero, así que tu digas, olvidé por completo... jamás
Isabel, Isabel, se decía. Después de haber guardado este secreto por tantos años, de haber llevado la carga tu sola, no puedes fallar ahora o permitir que encima, te castiguen.
Agazapada detrás de un pequeño muro sobre su azotea, lo vio pasar caminando... observó que ya lo hacía lentamente; definitivamente no era el mismo de antes. Los años no pasan en vano se dijo y lo mismo ha sucedido contigo... pero la diferencia de edades seguía prevaleciendo y a estas alturas el se veía verdaderamente... viejo. Nada de compasión Isabelita... ¡ni se te ocurra pensarlo siquiera! Lo siguió con la mirada... ¡que suerte!, no solamente llegó al bosque a esa hora solitario, sino que quizás por cansancio se sentó en una de las bancas.
Ese va a ser el momento ideal Isabel... tu momento... lo mirarás fijamente a los ojos... que te reconozca primero, que sepa que eres tú, que no haya la menor posibilidad de equívoco... debes decir solo una pequeña frase: ¿Me recuerdas, verdad?
El próximo viernes... ese va a ser el GRAN DÌA. La zona estará solitaria y además habrá mucho bullicio por las fiestas anuales a las que tradicionalmente los vecinos acuden... Tu ya tienes todo listo, ya estas preparada mental y materialmente... nada tiene porqué salir mal. Ve al parque con suficiente tiempo y lo más discretamente posible... sobran los lugares para esconderte sin que seas vista desde la calle... y esperas...
Isabel siguió sus propias instrucciones... se ocultó en un lugar apropiadísimo que encontró y que pareciera hubiera sido hecho para su propósito.
Lo vio llegar, escuchó que jadeaba y que se dejaba caer pesadamente en la banca... Salió a la luz, donde él pudiera verla con total claridad... Metió la mano en su bolso... sacó la pistola, comenzó a colocarle el silenciador y mirándolo fijamente, le dijo... ¿me recuerdas, verdad?... La expresión de sus ojos horrorizados fue su mejor respuesta... Isabel... Isabel... casi gritaba, aunque solo alcanzaba a murmurar entrecortadamente... De pronto ella se dio cuenta que tenía ante sí un guiñapo, un resto de algo que fue; una cosa vestida con ropas masculinas que lloraba desconsoladamente y que repetía entre balbuceos angustiosos... ¡perdóname por favor... perdóname!
Guardó nuevamente su arma... sintiendo una mezcla de asco y lástima. Se dio cuenta en ese momento que por primera vez en mucho tiempo respiraba profundo y podía reír casi inconteniblemente, con una libertad que había olvidado que existía...
Sin deseos de venganza, sin rencores, solo compasión... La persona que había odiado por tantos años era un fantasma... Una caricatura del pasado.


(México)

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