miércoles, 7 de abril de 2010

ALICIA CHILIFONI


EL REGADOR

A veces me quedo estática, creyendo estar ante una visión fantástica, extemporánea. Esta mañana, por ejemplo. Iba hacia el supermercado a hacer las compras del día, y cuando llegaba a la ruta, me sorprendió ver avanzar lentamente, por el carril central, un gran camión regador. ¡No puede ser!, pensé. El regador pasaba por las calles de tierra de mi pueblo, sobre todo en verano, por la mañana y por la tarde. Los chicos más osados corrían a la par, mojándose los pies, refrescándose, salpicándose entre sí. Las nenas nos replegábamos a la vereda. Por un rato no podríamos jugar en la calle, hasta que desapareciera el barrito. Pero eso se compensaba con lo lindo del olor a tierra mojada. Claro que con esos solazos, bien pronto volvía a estar todo polvoriento; pero ayudaba a que los escasos vehículos que por entonces circulaban por el pueblo, no levantaran nubes de polvo.
Y este regador de hoy, ¿a qué viene? Entonces me doy cuenta de que en sendas franjas de tierra que separan los carriles centrales de las calles colectoras han plantado pequeños sauces, palmeras, y flores diversas. Y que hacia ellas van orientados los chorros de agua.
Como me pasa con tantas otras cuestiones, hacía años que el regador no se me aparecía ni siquiera en la imaginación: estaba olvidado.
Qué bueno que ahora huelo la humedad, cierro los ojos, y me veo sentadita en aquélla, la vereda de mi casa natal, en un atardecer cualquiera, enhebrando florecitas de colores en efímeras pulseras de yuyo, de tan corto esplendor, que se marchitarán antes de que despliegue sus lunas sutilmente perfumadas, la dama de noche de mi jardín.
Abro los ojos y me apuro, porque no hay nada de todo eso, y porque recuerdo que tengo que hacer la comida. Voy por los ingredientes. Guardo el regador para pensarlo con tiempo esta noche, antes de dormir, hasta agotar los detalles. Y después lo esconderé en la trastienda de mí, con tantísimos recuerdos amodorrados, que de vez en cuando la vida espabila, como hoy, de un tan oportuno tironcito, que viene de tan lejos, acarreando el aroma de aquel pueblito que fue.

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