sábado, 24 de diciembre de 2016

Carlos Margiotta


                                              Navidad Carlos Margiotta

Entonces la navidad era como un cuento fantástico cuyo protagonista era un niño. Hablaba acerca de un nacimiento en un pesebre en Belén donde arribaban Tres Reyes de Oriente con sus ofrendas, persiguiendo una estrella a través del desierto. El niño era hijo Dios, nacido de una madre virgen llamada María y de un carpintero llamado José. Dios que había elegido ese modesto lugar entre los humildes, en un remota colonia del Imperio Romano.
La navidad es el nacimiento, la esperanza, la buenaventura, la alegría, es el triunfo del bien sobre el mal, es un mensaje de amor revolucionario.   
Hoy no es un principio y un fin, sino la continuidad en el poder de otros dioses: los del mercado, los del individualismo, los de la imagen, los del miedo.
Los nuevos dioses nos han enseñado que es más importante el tener que el ser, que el yo está por sobre el nosotros, que el amor es fugaz, y en medio de una crisis neoliberal a puro ajuste nos dicen que hay que salvar a los ricos. 
Ya no creo en los cuentos de hadas, pero la Navidad seguirá siendo aquél recuerdo, junto a los humildes, el de los sueños, el de la lucha por un mundo mejor, el de la fe en el ser humano. Por eso mi deseo para todos en el año que comienza es de tener trabajo, una mejor educación, una buena salud pública, y justicia equitativa para todos.

Quizá parezca mucho pedir, pero igual seguiré apoyando mi dedo índice sobre la vidriera de la juguetería, señalándole a mamá el regalo que quiero. ¿Por que no ?

1 comentario:

Ileana Falconnat dijo...

Hermosa reflexión Carlos. Lo comparto
¡Feliz Navidad!