jueves, 18 de junio de 2015




100 años no es nada Carlos Margiotta

Querida hija
Te escribo para desearte un feliz cumpleaños, aunque escribir es una vieja forma de decirlo, porque aquí el hábito se ha perdido y, como sabrás, ahora sólo basta con dictarle a la máquina y ella responde a tu voz con palabras en la pantalla como si las conociera. Cumplir 100 años no es nada, hoy la ciencia se ha desarrollado tanto que empezamos a creer en la inmortalidad.
Todavía puedo recordar perfectamente aquel 5 de enero de 1978 y el momento de tu nacimiento porque estuve presente en el parto. A pesar de los años transcurridos y de la medicación a la cual estoy sometido. Tu llanto y las imágenes se me hacen presentes en las vibraciones de mi cuerpo como una gran alegría. Ese año se jugó en nuestro país el mundial de fútbol y por eso te llamé "la mundialito", cosa que tu madre le molestaba mucho. Eran épocas oscuras del gobierno militar cuando comenzaron todas las desgracias que hoy conocemos.
Sé, por otros contactos, que estás bien de salud, así como tus hijos y tus nietos. A tus hijos los recuerdo con mucho cariño, me hicieron pasar muy buenos encuentros en tu vieja casa de Devoto y se divertían mucho con mis cuentos y bromas. Sin embargo a tus nietos siempre los sentí tan ajenos a la familia que a veces siento culpa por ello, pero bueno, vos sabés que entonces falleció tu madre y nos separaron a todos. 
Ahora, después de tanto tiempo estoy arrepentido de haber firmado el acuerdo con la Compañía de Salud Pública para llevar a cabo la experiencia de rejuvenecimiento. Me doy cuenta que fue por miedo a la vejez... mirá como terminó tu madre. A veces pienso que es mejor asumir la edad que estar todos los días sometido de un grupo de investigadores de mal carácter que se creen dueños del bien y del mal.
He solicitado en varias oportunidades volver a ejercer mi profesión, pero me la han negado, dicen que tanto el estudio de la Historia Argentina como de la Universal ya no le interesan a nadie, que además no produce riqueza, que sólo es una adicción para melancólicos y que es mejor no recordar, que lo importante es el futuro. Como te darás cuenta me han quitado una de mis pasiones, y también me han prohibido escribir ficción, otro de mis placeres, la realidad, dicen, lo que importa es la realidad, lo demás son cuentos de niños.
Mi contrato vence a fin de año y estoy pensando en no renovarlo, a veces sueño que me desconectan la batería y me siento feliz, pero la sola idea de atravesar los numerosos laberintos de la burocracia de control estatal me asusta demasiado, ya no tengo la paciencia ni tolerancia que me caracterizaron.
Desde que me han traído a este lugar de la cordillera, después de la gran inundación que sufrimos en el 2052. Recordaras que entonces a causa del descongelamiento de los hielos de la Antártida desaparecieron varias poblaciones de Buenos Aires y gran parte de parte de la pampa húmeda, empecé a no creer en el proyecto. Para colmo hace unos años quitaron todos los espejos de las habitaciones aduciendo que iban a limpiarlos y nunca más los repusieron. Sólo puedo verme a través de la pantalla de la máquina pero, como te imaginarás, dudo de la veracidad de las imágenes tomadas por la cámara y creo que no son reales, que es un engaño para no reconocer el fracaso del tratamiento.
Lamentablemente tampoco podemos vernos virtualmente como antes y compartir una conversación más cálida, aquí nos han puesto muchas restricciones por razones de presupuesto, dicen. Discúlpame que no te lo haya contado antes, pero no quería preocuparte.
Siento que he perdido las ganas de vivir y que mi ilusión de prolongar la vida se ha hecho trizas. A mis compañeros de la villa les pasa lo mismo, estamos tristes, enfermos de eternidad. Mi único deseo es volver a verte junto a tus hermanos, estar otra vez en familia y despedirme como un ser humano. Escribíme, no dejes de contestarme, los extraño.
                                                                                                                          
Tu padre

5 de enero de 2078

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