jueves, 20 de marzo de 2014

ANALIA TEMIN


Sentimental, impulsivo, visceral Analía Temin

Fue a visitarla como tantas veces al lugar de siempre, hablaron poco aunque disfrutaron de cruzar miradas sin apuro. Ella, temerosa de su respuesta, insinuó: -No vienes muy seguido... A lo que él respondió, para tristeza de ambos: -Sólo queda un hilo muy delgado entre nosotros, y deslizó los dedos en el aire como si entre ellos sostuviera el hilo, desde el centro hacia las puntas...
 Luego se hizo cada vez más ausente, más distante, espaciando los encuentros que tanto disfrutaban. Y aunque le había anticipado su partida, se marchó del país sin despedirse.
 Pasaron muchos años, muchos, hasta que él regresó en busca de antiguos horizontes. Se tomó su tiempo para reencontrarse con las calles, los lugares y la gente del pasado.
 Junto con el retorno volvió a su mente el recuerdo de ella, el lugar de siempre, las miradas sin prisa, las palabras cálidas, los besos tenues prohibidos, su sonrisa...
 No se sentía seguro de verla y esperó sumergido en la nostalgia rememorando el único encuentro que tuvieron en otro lugar, la confitería del centro donde tomaron té y pasaron un momento soñado, fugaz tal vez, sin embargo eterno en la memoria. Pagó la cuenta y conservó el ticket como testigo inanimado de la cita, lo guardó en su billetera y lo llevó con él por el mundo durante los catorce años de su ausencia.
 Lo pensó mejor. Ahora sí, sentimental, impulsivo, visceral, no sucumbiría a sus ambigüedades y volvería tras sus pasos a cerrar aquella historia con nombre de mujer.
 Ideó una estrategia conveniente, un paseo por Florida, Galerías Pacífico, uno de sus lugares favoritos, un buen escenario donde ambos participarían motivados por la adrenalina del rencuentro. Siempre de la mano y dándole caricias cada tanto. Conversando de todo, disfrutando de las palabras y las miradas que contarían el resto.
 No quería dejar librado al azar ningún detalle, como si la mente hiciera una composición donde todo es perfecto. Beberían sorbete de limón y café en Saverio, sencillo pero lindo. No se embriagarían, no con licores, sólo con la sensación de estar jugando con las pasiones. Ella se vería feliz, radiante, reivindicada, ávida de contarle todos los acontecimientos de su vida sucedidos durante su ausencia y sus deseos particulares. Él se sentiría poderoso observándola sin intervenir, adorándola en silencio...
 Sintió que idealizaba demasiado, que se confundían sus deseos propios con la realidad, temió estar especulando con ilusiones no correspondidas y finalmente desistió de ir a buscarla antes de comprometerse emocionalmente.
 Regresó, llegó al portal de su casa, recorrió los treinta y cinco pasos hasta la puerta de entrada y, con asombro y dudas observó que la luz estaba prendida... Imposible se dijo, estaba seguro de no haberla encendido, no tenía sentido haberlo hecho pues salió mientras aún era de día. Se armó de valor y entró sin querer siquiera imaginar a qué obedecía tal incongruencia. Confundido, librado a su suerte y sin fuerzas se sintió entregado a todo lo que vendría.
 Lo que siguió fue fulminante, una diosa en ropa íntima de seda lo tomó de los hombros y lo besó apasionadamente hasta dejarlo sin aliento, luego posando sus labios rojos, carnosos sobre su oído le dijo... Hola mi amor... es temprano... vayamos a dar un paseo por Florida...   


2 comentarios:

Anahi García dijo...

Dios mio!!!, que belleza, que descripción, cuantos sentimientos, cuantas alegrías, cuantos afectos, cuanta pasión. No hay que vivirlo para sentirlo. Que bien escribes, por dios!!!

Anahi García dijo...

Bello, sensual, erótico. Nos deja con el deseo de seguir leyendo más, imaginando más. Me gustó mucho.