jueves, 20 de marzo de 2014

ALLETS SIRAM

Presente continuo Allets Siram

Se sentó un rato al borde del arroyo. Un pie como al descuido cae en el agua. Un sol irreverente y el añoso árbol de memoria infinita,  la invitan a detenerse.
Es que  tenía la necesidad de buscar un refugio. Para si misma, para ocultar lo que había hecho, para ocultarse del mundo.
No era vergüenza, ni arrepentimiento, mucho menos temor lo que sentía. Sabía que iba a ser juzgada. Un crimen es un crimen. Pero Cira sabia que era justicia, o al menos era justo para ella. No podía aguantarlo mas, y  el no dejaría  de perseguirla. Se le aparecía aún cuando cerraba los ojos, se le metía en los sueños, en el aroma del café, en la ducha al levantarse. Tantas veces lo pensó,… si tan solo pudiera… si tuviera el coraje! Buscó entre la gente, en los  paisajes urbanos, en las calles colmadas de pies y cabezas que parecen moverse  al compás de una única melodía. Buscó en el pitar de los trenes que mecen y adormecen. En los sube y baja, en las hamacas del parque que despeinan, en los bodegones de viejas comidas. Buscó entre los colores brillantes y ocres, en los pañuelos mojados de ausencias, en la mapeada  piel  de la vejez. Se hundió apretada entre cada letra de cientos de libros. Quiso ser pájaro, ballena, caballo o mariposa. Se adentró en la boca de una carcajada, en el surco de una lágrima salina, en el agujero de una media, en la cuerda rota de la vieja guitarra. Algo o alguien que le diera el perfecto camuflaje para que no la alcance. Para despistarlo, para distraerlo. Tiene que existir ese lugar. Tiene que haber un no lugar. ¿Adonde van las palabras que no se dijeron? ¿Y las caricias huérfanas de cuerpo? ¿Y el perfume de la piel en celo? ¿y el sabor y  el aroma de la copa que hace brindar? ¿Donde se esconde la esperanza? ¿Donde espera el mañana?
Ella no podía dejar de buscar y el no podía dejar de encontrarla.
Entonces no tuvo mas remedio, después de todo era en defensa propia. Lo podía acusar de acoso al pensamiento, de atropello de vivencias , de imposición de sensaciones, de trafico de ilusiones, de secuestro de tiempos y formas, de
privación de la moral y las buenas costumbres, de deformación creativa, de promiscuidades consentidas.
Entonces lo decidió. Tenía que deshacerse de él. Supo que debía darse una buena estrategia, que tenia que hacerlo sin miramientos. Seria lento, largo, opondría resistencia, tenia la fuerza para hacerlo y la doblegaba en poder.  Cuido cada detalle.
Comenzó a quedarse en las formas precisas, en los envoltorios con moños, en las luces de neón, en los anuncios de TV, en las explicaciones y las justificaciones,  naturalizó la inequidad, humanizó la naturaleza, y perdió el asombro. Compró envases, vació la casa, dejó de mirar el cielo y unifico el sabor. Conservo la misma piel, se vacuno contra el sentir y aturdió sus oídos.
No supo cuando pasó, pero sabía que estaba herido de muerte, no lo vió caer, tampoco hacer ruido, ni lanzar algún aullido. Simplemente dejó de estar.
Entonces tuvo la certeza de haberlo logrado. Cira había asesinado a su Recuerdo,  y supo también que en ese mismo acto, había matado el futuro, era ahora sólo un presente continuo, fantasmal, que andaba entre la gente sin ser vista, ni oída, ni olida, y que la lluvia nunca más la mojaría.